
El Máster: "El locutor es el más público de la banda y el más banda del público"
Germán S. S. Lev

Por Germán Lev
Con el carnet de Locutor Nacional bajo el brazo —una rareza en la informalidad de la noche— Darío Quinteros ha recorrido el circuito local de bandas desde lo más profundo del under, brindando shows para un puñado de personas con Marce y sus cuatro amigos, hasta aterrizar en el Movistar Arena junto a Ulises Bueno. Consolidado como uno de los locutores destacados de la escena cuartetera, El Máster no sólo hace vibrar a miles de personas en espectáculos masivos a lo largo y ancho del país, sino que explora facetas más íntimas que le permiten desarrollar su figura pública desde dimensiones más personales; como el standup, el teatro físico o el stream IRL.
En la siguiente entrevista Mano a Mano, el animador desmenuza las claves del éxito de su oficio, expone su mirada crítica hacia el streaming cordobés y explica porqué, a pesar de su perfil inquieto y público, elije mantenerse fiel a su comunidad y alejado del barro mediático.

Del escenario masivo al teatro físico, y de la cultura under al streaming
No me gusta ser medio pelo en nada. Y si soy medio pelo, lo que hago es ponerme hasta ser un poquito mejor todos los días.
—Ha sido la voz en escenarios de bandas gigantes para el ecosistema del cuarteto cordobés y hoy está animando ni más ni menos que las presentaciones de Ulises Bueno. Pero además, hace improvisación, stand-up, humor y ahora es streamer en Twitch. ¡Bienvenido a Kreon, Darío Quinteros, más conocido como El Máster!
Máster, ¿cómo va?
—Bien, excelente. Estoy muy contento de volver a esta casa, de volver a este lugar donde hice escuelita.
—Tu segunda casa fue esta, porque la primera introducción la tuviste en Crack Streaming.
—En Crack, claro. Ahí hicimos mucha escuelita también, sobre todo de producción, laburamos una banda. Después llegó un momento en que me cansé, me llamó la Pato Bon para acá y me vine. Estuve como un año y algo con ustedes haciendo escuela, literal.
—Teniendo la oportunidad de elegir otros canales de streaming o de seguir en Kreon, tomaste la decisión de hacerlo por tu cuenta. No es una decisión fácil.
—No, no es fácil. La realidad es que vi un camino ahí, una beta, un nicho. Siempre hablamos de los nichos con vos. Vi un nicho que no se estaba explotando en Córdoba ni en el mundo del cuarteto: el streamer que está solito al frente de la pantalla. No esto de múltiples cámaras o luces que te encandilen, sino una camarita, volver al origen, a la base, y de ahí explotar para donde me lleve. Hasta ahora es sólo gratitud y felicidad. Se está armando una comunidad con mucha fuerza donde se cuidan entre todos. Faltaba un streamer así.
—Además, sos el abanderado de todo lo que transporta el cuarteto, porque no sé cuántos streamers en Twitch estén vinculados tan fuerte como vos a esa industria.
—Eso es lo que me llamaba. Tenía mucho para aportar desde ese lugar y los que estaban no lo laburaban como quería yo. Así que vi la oportunidad y encaré.
—Vos fuiste de los primeros en ver nacer los canales de streaming en Córdoba. Kreon y Crack son dos de los canales pioneros. ¿Cómo ves la evolución?
—He sido parte de estos dos canales hermosos, los vi arrancando. La evolución no es sólo en la parte técnica o el estudio, que han incorporado cosas espectaculares, sino en la competencia sana, que nos sirve a todos. A mí me pasó: arranqué en mi casa con paneles acústicos atrás y un día dije: "No quiero que parezca un estudio, quiero que se vea que es mi casa". Agarré y bajé todos los paneles que me habían costado una moneda. Lo lindo del streamer que lo hace desde su casa es que sabés lo que te cuesta cada cosa, y no hablo de lo monetario, sino de lo que te cuesta enchufarlo, aprender a usarlo... Toda esa movida fue una masterclass solito. Yo y ChatGPT, los dos.
—Claro, porque acá si tenemos problemas técnicos hay un operador y somos varios para solucionar. Uno solo en su casa, con las semejantes figuras que estás llevando en vivo... ¡mamita si te pasa algo!
—Pero es muy distendido, la idea es esa. El otro día fueron los chicos de Poneme Vivo y me dijeron: "La diferencia entre ir a un estudio y venir a tu casa, primero es que es tu casa, y segundo es que la que te recibe es tu vieja". Yo vivo solo, pero cada vez que van invitados va mamá a hacerme la onda por si pasa algo, para atenderlos, la comidita, lo que sea. Ya desde ahí te cambia la vibra. No es venir a un edificio frío.
Ser Locutor Nacional no te habilita a ser locutor de baile de cuarteto, porque nadie te enseña eso en la carrera. Aprendés haciendo en el escenario. La carrera te da las herramientas, pero tenés que saber usarlas y sumarles cosas.
—Te has metido en algunos quilombos acá en Kreon, has tenido cruces con la gente del otro lado. ¿Te curte eso?
—Sí, más vale. El otro día me llamaron para decirme que hablaron mal de mí y yo creo que puede pasar, estás expuesto a que te peguen. A nadie le gusta que lo bardeen, pero es parte de la escena. Yo ahora en casa lo manejo todo muy desde el corazón y el sentimiento, porque en la comunidad nos ayudamos entre todos. El otro día se me rompió la compu y el chabón que me la arregla no me quiso cobrar porque es amigo; él tiene un emprendimiento de corte láser en madera. Le dije: "Pibe, hagamos esto, empecemos a meter el chivo en el stream para que la gente te compre". Nos vamos dando una mano entre todos, no hay mala leche.
—Cuidarse entre la comunidad es clave, porque viene gente de afuera que a veces te quiere usar de trampolín y no se maneja en los mejores términos.
—A mí no creo que alguien me quiera usar... ¡soy inusable!
—Me diste el pie justo. ¿Por eso de que sos "inusable" no vas a otros canales de stream o no te invitan? Una compañera del canal me decía fuera del aire: "Quiero invitar al Máster a mi programa", y yo le dije: "El Máster no va a ningún lado".
—Yo no sé... Capaz que piensan que soy mala onda o una figurita difícil. Pero yo le contesto a todo el mundo que me habla en Instagram y en TikTok, reposteo todo lo que puedo, tengo buena onda. Quizás algunos canales piensan que soy mala onda o no les sirve que vaya.
—Al contrario, con tu experiencia sos una figurita bárbara para cualquier medio. Pasaste por los escenarios más calientes: La Banda de Carlitos, El Loco Amato, Damián Córdoba, Dale Q' Va, y hoy estás con Ulises Bueno. ¿Cómo fueron los inicios?
—La realidad es que estuve en casi todas las bandas. Arranqué con Pitty Murúa —que lo vi el otro día después de diez años y cabe la posibilidad de que vaya a mi stream; sería un crossover zarpado—. Estuve en Facu y La Fuerza en su mejor momento, ahí nos agarró la pandemia. Cuando volvimos, entré con Damián. En el medio tuve seis meses libres donde hice reemplazos en El Loco Amato, La Banda de Carlitos, Megatrack... en todas.

—¿Y siempre te imaginaste siendo animador y locutor? Porque hay algo que la gente no sabe: El Máster es profesional, no sólo porque ya tiene la experiencia y la experiencia te da ese fuero interno de decir: "Che, ya sé cómo funciona todo, cómo manejarme delante de un escenario, qué decir, que no decir, cómo gestionar esas energías", sino que además estudiaste, sos Locutor Nacional, tenés el carnecito que así lo avala.
—Sí, debo ser de los pocos en el ambiente de la noche junto con Marquitos Castellano (exlocutor de Chébere/Lanzallamas). Pero mirá, ser Locutor Nacional no te habilita a ser locutor de baile de cuarteto, porque nadie te enseña eso en la carrera. Aprendés haciendo en el escenario. La carrera te da las herramientas, pero tenés que saber usarlas y sumarles cosas. Por eso yo hago stand-up, clown... es más, salgo de acá y me voy a hacer mi taller anual de mimo. El mimo no habla, y yo que soy el rey de la palabra, me paso dos horas y media sin hablar, expresando sólo con el cuerpo. Tenés que seguir educándote. Tenés que tener un condimento extra. Tenés que demostrar por qué estás hecho para ese lugar. Es decir, si vos sos el mismo locutor que todos, sos descartable. En cambio si tenés un valor agregado van a decir: "Este chabón vale".
—¿Quién te dio tu primera oportunidad en la noche?
—Largué bien de abajo con una banda chica que se llamaba Marce y sus cuatro amigos. Íbamos a Arroyito cada quince días. El "Marce" era el cantante y yo el locutor... o sea, faltaban tres amigos, ¡era un choreazo! Tirábamos pistas en un CD y saludábamos a los quince borrachos que había en el lugar.
—¿Y en ese momento ya fantaseabas con un escenario masivo?
—Sí, amigo, toda la vida. Fantasear con esas cosas no es perder el tiempo, es soñar con que va a llegar, y créeme que lo vas a hacer. Yo soñaba con trabajar en una productora cunado era chico. Y llegué a trabajar con esa productora.
Siempre quise estar en bandas enormes y se empezó a dar, no sólo que estuve, sino que los dueños o los cantantes esas bandas dicen: "che, quiero este". Me fueron a buscar. Entraban a mi Instagram y me buscaban. Yo iba a mi casa a hablarlo con mi vieja y decía: "Uy, algo bien estoy haciendo". Entonces, desde ese punto es: "Si estoy haciéndolo bien, sigamos apretando ahí, sigamos". Y sigo aprendiendo, sigo haciendo.
—No te quedaste solamente con tu faceta profesional de locutor, sino que avanzaste; en el humor, en el standup, en la improvisación, en el hecho de ser mimo y también le sumaste otros condimentos, como el ser streamer. Todo va de la mano en esto de ser una figura pública también.
—Me gusta ver las distintas facetas que puedo llegar a adquirir. No me gusta ser medio pelo en nada. Y si soy medio pelo, lo que hago es ponerme hasta ser un poquito mejor todos los días.
Con el streaming fue sentarme —Lo único que sabía era con un botón prender la compu—. No sabía que existía OBS, no sabía que existía nada, y era fueron un par de meses sentarme con ChatGPT al lado y preguntarle: "Che, ¿cómo hago esto?" A ver, lo hacía: "Che, ¿cómo hago aquello?" Lo hacía. Un loco amigo que se encarga de la parte técnica, me dio la mano.
—¿Tenés operador?
—No tengo operador para nada, manejo todo solo. Me pasó el otro día se me congeló la compu y como la comunidad es fuerte y bancó, les dije: "Cortamos acá y nos vamos a TikTok". Nos fuimos todos para allá con el celu y se sumó un montón de gente nueva.
Cuando entré con Damián Córdoba, el público me comparaba con el locutor anterior y el Dami un día me dijo: "Acá tenés que salir a meter el pecho, el público necesita que salgamos a matar".
—Estás con Ulises Bueno, el número uno actual. ¿Cómo es compartir escenario con él?
—Estoy muy contento de estar en esa banda y que él me deje compartir su escenario, que es zarpado. A la gente le gusta mucho el backstage, lo que pasa atrás, porque lo de adelante ya lo ven. Yo tendría que estar más activo con el celu filmando el tras bambalinas porque es fantástico. Lo que pasa es que vengo con los horarios a full: lunes y martes streaming, miércoles y jueves mimo e improvisación teatral, y el fin de semana los bailes y viajar.
—¿Cómo hacés para compaginar tu vida íntima con esa rutina? Si tenés una cita, ¿cómo le explicás?
—Me organizo los horarios, están marcados en el calendario y no se mueven. Si salgo a comer con alguien y me preguntan qué tengo que hacer al día siguiente y les digo "tengo mimo", a veces no lo entienden. Pero es mi laburo, es lo que amo hacer, amo estar en el escenario y no lo cambio por nada. Para estar conmigo me tenés que querer con el combo completo. No me voy a bajar del escenario por nadie, no va a pasar.
—¿Cuáles han sido los escenarios que más te impactaron?
—Han sido etapas. El primer grande fue el Festival de Peñas de Villa María. La primera vez que fui con el Pitty Murúa; fue una locura. La primera vez en la Plaza de la Música también. Y hoy por hoy, el Movistar Arena en Buenos Aires, que es un lugar increíble, el pináculo. Sentís a la gente como si se te cayera encima, es zarpado. Te lo da el tamaño del artista con el que estoy ahora.
—El locutor es el primero que sale a dar la cara antes de que empiece el show. ¿Sentís la adrenalina del público?
—El show tiene que ser un veinte estemos donde estemos. Podemos estar en el Movistar Arena ante 15.000 personas o en el centro vecinal de un barrio, y lo voy a dar todo igual. Hace poco hice un show de payaso en el under de Córdoba, en un teatrito donde entraban 35 personas, no había ni baño y tuvimos que apilar sillas. Terminé ahí, con los ojos medio pintados todavía, y salimos volando para Buenos Aires para tocar en el Movistar Arena. Esos contrastes son hermosos, lo di todo en los dos lados.
—Desde el escenario tenés una vista privilegiada de todo el público. ¿Qué es lo más extravagante que viste?
—El locutor ve todo, amigo. Ves parejitas discutiendo o dándose amor al por mayor, un amor casi pornográfico. El sábado pasado en Buenos Aires fue increíble. Al final del baile Ulises canta siempre "Ji ji ji", de Los Redondos, pero esta vez tenía una connotación más potente porque estaba el Indio Solari a flor de piel en los medios. La gente se enloqueció, armaron una ronda para el pogo y veo a un pelado dándolo todo que de repente desaparece. Cuando se asoma de nuevo, abre la boca, le faltaba una paleta y estaba lleno de sangre... ¡le habían volteado un diente! Pero el loco seguía feliz saltando con una bandera. Es épico.
En el stream no se improvisa. Puede parecer improvisado, pero tiene que tener una línea pensada. A los streams de Córdoba les falta una vuelta de rosca en eso.
—Sé que tenés fanáticos extremos, al punto de que una fan se tatuó tu firma.
—Sí, una chica en Buenos Aires me pidió que le firmara el brazo y me puso el fibrón encima. Se lo firmé gigante: "El Máster". ¡Y se lo tatuó! Yo le decía "estás loca, nena". Esas cosas o el detrás de escena las cuento siempre en Twitch porque a la comunidad le encanta el back.
—Tiranos algunos tips para los locutores que quieren iniciarse en la animación de bandas.
—Primero, escuchar a otros locutores, buscarte un referente, pero ojo: no para copiarlo, sino para buscar tu propio estilo. A mí me molesta cuando escucho locutores que copian tal cual a otros. Inspirarse está bien, pero hay que ponerle tu impronta. Para mí, el locutor es el más público de la banda y el más banda del público. Es el nexo, el puente entre el público y el escenario. Tenés que entender los dos lados y la banda en la que estás.
Cuando entré con Damián Córdoba, el público me comparaba con el locutor anterior y el Dami un día me dijo: "Acá tenés que salir a meter el pecho, el público necesita que salgamos a matar". Salí a matar y reaccionaron bien. En Ulises creo momentos: sé cuándo va a arrancar un tema de amor, hago que levanten las manos, armo la tensión justa para que venga Ulises y la rompa toda. Él me deja laburar con total libertad.
—¿Qué le falta al streaming en Córdoba para dar el siguiente paso evolutivo?
—Producción. Saber que hay que sentarse una o dos horas antes de cada programa con los que van a estar en la mesa a armar la producción, que no vengan a sentarse a ver qué onda, a improvisar. En el stream no se improvisa. Puede parecer improvisado, pero tiene que tener una línea pensada. A los streams de Córdoba les falta una vuelta de rosca en eso. Muchos caen en el copy-paste porque arman la producción diez minutos antes. Si hacés algo original, el producto es distinto.
—Para cerrar, completame esta frase: "El cuarteto para Darío Quinteros es..."
—Todo, amigo, todo. El cuarteto me dio todo lo que tengo. Trabajo de lo que amo y vivo de lo que hago, pago mi luz y mi gas con esto. No le puedo pedir más a la vida.
Podés seguir a El Máster en Instagram y TikTok, y en Twitch como elmaster_1908.




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