



Prólogo de Enrique Dans
Para cualquier persona a quien la red genere algún tipo de impresión positiva, para cualquiera que vea en internet un lugar para acceder a información, para comunicarse o para tantas otras cosas que hacemos habitualmente en nuestro día a día, este libro será, sin lugar a dudas, una lectura amarga. No, no espere que su lectura le resulte en absoluto agradable. Ni por el formato escogido, que no resulta el más fácil de consumir, ni por su contenido, que se despliega lentamente ante los ojos del lector, frase a frase, a medida que la conversación va tocando más y más temas, hasta construir un escenario verdaderamente desasosegante.
No, el libro que tienes entre las manos no es un libro agradable. Está repleto de malas noticias, de augurios pesimistas y de llamadas de alerta. Noticias, augurios y alertas, además, hechos «desde el otro lado», por personas que han tenido la oportunidad de mirar directamente a los ojos del enemigo, de sufrir su persecución. Un enemigo invisible, de magnitud descomunal, que pretende controlar todos nuestros pasos, todas nuestras acciones, todos nuestros pensamientos. Un enemigo al que no siempre vemos, que acecha nuestras conexiones, que recopila nuestra información, que investiga por dónde navegamos, con quiénes nos conectamos y qué les decimos, que pretende saber más de nosotros que nosotros mismos. Un enemigo dispuesto a lo que sea por mantener un delicado equilibrio en el que se sabe ganador: en situación de asimetría informativa, siempre termina ganando el que todo lo ve.
El autor principal que firma este libro lleva desde junio de 2012 encerrado en una embajada, sin poder poner un pie en la calle, sometido a un acoso absolutamente impropio. Se ha visto perseguido, acusado de delitos con una base absolutamente absurda, y amenazado de muerte por políticos de países supuestamente civilizados. Ha podido comprobar lo que pasa cuando tu organización es perseguida hasta el punto de cortarle todas sus posibles fuentes de financiación, lo que ocurre cuando, en una absoluta falta de respeto a las leyes y a las relaciones internacionales, se presiona a quienes deberían ser medios de pago neutrales para convertirlos en supuestos guardianes morales del dinero de sus usuarios.
Utilizando VISA, Mastercard o PayPal puedes hacer donaciones al Ku Klux Klan, a organizaciones pronazis o a entidades que defienden el odio o el uso de la violencia... pero no puedes contribuir a financiar a WikiLeaks. Si lo intentaste en su momento, tienes muchas posibilidades de que tu dinero, simplemente, no llegase a tu destino. Si lo intentas ahora, tendrás que buscar métodos alternativos, porque lo normal es que te encuentres con que, sencillamente, no es posible. Si, en un arrebato de moralidad, decides prescindir de los servicios de esas empresas que te impiden hacer lo que quieres con tu dinero y donar a una causa que estimas justa, te encontrarás con que es extremadamente difícil, en el mundo en que vivimos, hacer una vida mínimamente normal sin ellas.
Con algunas honrosas pero escasas excepciones, la primera preocupación de un político en nuestros días es la llegada a su cargo y la preservación del mismo, seguida por la consecución de fuentes de ingresos en el hipotético caso de que tenga que abandonar el mismo. Así, los políticos se convierten en gestores de favores a cambio de un enriquecimiento más o menos obvio, que alimenta desde la corrupción directa hasta el tratamiento privilegiado a determinados lobbies en función de intereses que, en muchos casos, no coinciden en absoluto con los de los ciudadanos que, con sus votos, situaron a ese teórico representante público donde está.
Pocas cosas están más justificadas en la vida pública que la transparencia. Por el hecho de serlo, un político, por su condición de representante y servidor de los ciudadanos, debería tener un deber de transparencia absoluto: deberíamos saber qué hace, dónde está en cada momento, con quién o quiénes se reúne, de qué temas habla, qué acuerdos o promesas compromete, su agenda, sus opiniones en todos los temas relevantes... Desempeñar la función pública debería exigir una garantía de transparencia total en todo, incluidos por supuesto los ingresos y los gastos.
En un mundo así, con políticos y gobiernos comprometidos con ese nivel de transparencia, WikiLeaks no sería en absoluto necesaria. Hoy, la tecnología proporciona todas las herramientas necesarias para que esa transparencia tenga lugar. Podemos saber en todo momento dónde está una persona, y podemos además proporcionarle herramientas para que informe de todos sus pensamientos, reuniones o decisiones. Pero en su lugar, lo que los políticos y los gobiernos están haciendo es pretender utilizar la tecnología no para que los ciudadanos les exijan esa transparencia, sino para imponer a esos mismos ciudadanos una vigilancia que en modo alguno esos ciudadanos desean ni estiman conveniente. En lugar de utilizar la tecnología para controlar al poder político, el poder político pretende utilizar la tecnología para controlar a los ciudadanos. Un giro completamente inaceptable, contra el que WikiLeaks pretende luchar.
WikiLeaks es un gestor de información. En su funcionamiento, WikiLeaks intenta reducir en la medida de lo posible las barreras de entrada al llamado whistleblowing, al filtrado de información. Cuando una persona maneja información que, por la razón que sea, estima debería ser pública, WikiLeaks procura ofrecerle modos libres de riesgo para, de manera efectiva y eficiente, hacerla pública. Mediante esquemas de anonimato, protección de las fuentes, verificación de la información, estudio de las consecuencias legales, y difusión viral, WikiLeaks procura asumir una función que, en muchos casos, la prensa tradicional ya no es capaz de ejercer.
No existe una forma de escapar a este sistema. Sí, al menos, de luchar contra él, de intentar convertirse en un obstáculo a esa deriva. Y es precisamente lo que Julian Assange y sus compañeros de charla llevan haciendo desde hace ya bastantes años: intentar entender el funcionamiento del sistema todo lo posible y desarrollar al límite la criptografía para tratar de oponerse al mismo. Por esa razón, para entender su importancia y para colaborar con ello, debes comprar y leer este libro. Comprarlo, porque con ello conseguirás que una parte del precio del libro llegue a Julian Assange y a WikiLeaks. Leerlo, porque por duro, espeso y oscuro que te pueda parecer, te estará preparando para entender una realidad que, por estar escondida en complejos e inabarcables esquemas internacionales, es muy posible que no te hayas llegado todavía a plantear.
El ciberactivismo es la única salida que nos queda.
Mayor comunicación versus mayor vigilancia
JULIAN
Si nos remontamos a los primeros años de la década de los noventa, cuando el movimiento cypherpunk alcanzó su apogeo en respuesta a la prohibición de la criptografía por parte de los Estados, mucha gente tenía la mirada puesta en el poder de internet para ofrecer comunicaciones libres y sin la censura de los medios generalistas. Sin embargo, los cypherpunks siempre vieron que, en combinación con esto, existía también el poder para vigilar en tiempo real todas las comunicaciones que se efectuaban.
Ahora contamos con mayores comunicaciones frente a una mayor vigilancia. Mayor comunicación quiere decir que todos tenemos un plus de libertad con respecto a aquellos que intentan controlar las ideas y fabricar el consenso, y mayor vigilancia significa justamente lo contrario.
La vigilancia es a día de hoy mucho más evidente que la vigilancia del pasado, ejercida en bloque por los americanos, británicos, rusos y otros gobiernos contados como el sueco y el francés. Ahora la ejerce todo el mundo, y prácticamente todos los países, a resultas de la comercialización de la vigilancia masiva. Y se ha convertido en una vigilancia totalizadora, pues la gente expone en internet todas sus ideas políticas, todas las comunicaciones que establece con familiares y amigos.
De modo que no se trata sólo de que haya aumentado la vigilancia en las comunicaciones que ya existían; el caso es que ahora la comunicación es mucho mayor; se ha producido un incremento en los tipos de comunicación. Todos estos nuevos tipos de comunicación que en el pasado habrían pertenecido a la esfera privada de las personas ahora están siendo interceptados masivamente.
Se está librando una batalla entre el poder de esta información recopilada por infiltrados, Estados de información en la sombra que están empezando a desarrollarse, confundiéndose unos con otros, desarrollando conexiones entre sí y con el sector privado, y el creciente volumen de mortales que utilizan internet como una herramienta común de expresión de la humanidad.
Quiero reflexionar sobre cómo presentamos nuestras ideas. El gran problema se me plantea, al estar tan involucrado en la vigilancia estatal y comprender cómo se ha desarrollado la industria de seguridad transnacional a lo largo de los últimos veinte años, es que estoy demasiado familiarizado con ello y me cuesta verlo desde un punto de vista generalizado. Sin embargo, ahora nuestro mundo pertenece a la colectividad, porque todo el mundo ha depositado el núcleo interno de sus vidas en internet. Es nuestro deber comunicar de alguna manera lo que sabemos, ahora que todavía podemos.
ANDY
Yo propongo no plantearlo desde el punto de vista del ciudadano sino desde el de aquellos que manejan el poder.
El otro día estaba en esta extraña conferencia en Washington y me topé con unos tíos que llevaban una chapa de la embajada alemana. Me acerqué a ellos y les dije:
—Anda, sois de la Embajada alemana.
Y ellos me respondieron:
—Ah, no exactamente de la Embajada, somos de cerca de Múnich.
Al final resultaron ser del servicio de inteligencia y en el bufé de la cena les hice unas cuantas preguntas:
—Entonces, ¿cuál es el objetivo del secreto?
Ellos me contestaron:
—Bueno, se trata de ralentizar los procesos para poder controlarlos mejor.
Ése es el objetivo de este tipo de trabajo de inteligencia: ralentizar un proceso quitándole a la gente la capacidad de entenderlo. Declarar cosas secretas significa que limitas la cantidad de gente que las conoce y, por ende, la capacidad de afectar al proceso mismo.
Si observas internet desde la perspectiva de las personas que están en el poder, entonces los últimos años han sido aterradores. Ven internet como una enfermedad que afecta a su capacidad de definir la realidad, de definir lo que está pasando, lo cual se utiliza a posteriori para fijar lo que la gente sabe acerca de lo que está pasando y su capacidad para interactuar con ello.
Si te fijas en, pongamos, Arabia Saudí, donde por algún accidente histórico los líderes religiosos y la fuerza mayoritaria son los mismos, su interés por el cambio es cero. Cero menos cinco, tal vez. Ven internet como una enfermedad y preguntan a sus asesores: «¿Tenéis el remedio para acabar con esto? Necesitamos inmunizarnos si afecta a nuestro país, si esta historia de internet llega hasta nosotros». Y la respuesta es la vigilancia masiva: «Necesitamos controlarlo totalmente, necesitamos filtrar, necesitamos saber todo lo que hacen». Y eso es lo que ha sucedido en los últimos veinte años. Se hizo una inversión masiva en vigilancia porque quienes ostentaban el poder temían que internet afectara su estilo de gobierno.
JULIAN
Sin embargo, pese a esta vigilancia masiva, la comunicación masiva ha derivado en que millones de personas son capaces de conseguir un rápido consenso. Si puedes pasar tan rápidamente de una posición normal a una nueva postura de consenso masivo, entonces, cuando el Estado consiga detectar este desarrollo, será demasiado tarde para formular una respuesta efectiva.
Dicho esto, en el año 2008 hubo una protesta orquestada a través de Facebook en El Cairo. Ésta sorprendió al gobierno de Mubarak y como consecuencia, los organizadores de la protesta de Facebook fueron detenidos. En el año 2011, en un manual considerado uno de los documentos más importantes utilizados en la revolución egipcia, la primera página y la última decían «no utilizar Twitter o Facebook para distribuir el manual». Con todo, muchos egipcios utilizaron Twitter y Facebook.
Sin embargo, la razón de que sobrevivieran se debe a que la revolución tuvo éxito. De no haber sido así, entonces esas personas habrían estado en una posición tremendamente delicada. Y no olvidemos que poco antes el presidente Mubarak había cortado el acceso a internet en Egipto. De hecho, todavía se cuestiona si la censura de internet facilitó la revolución o, por el contrario, la perjudicó. Algunos dicen que la benefició, pues la gente se vio obligada a salir a la calle para enterarse de lo que estaba ocurriendo, y una vez estás en la calle, estás en la calle. Y estas personas se vieron directamente afectadas porque sus teléfonos móviles e internet no funcionaban.
De modo que si va a tener éxito, tiene que haber una masa crítica, debe ocurrir rápido, y necesita ganar, porque si no gana, entonces la misma infraestructura que permite desarrollar un consenso rápido se utilizará para detectar y marginar a todos aquellos dedicados a sembrar el consenso.
Y eso pasó en Egipto, país que, en efecto, era un aliado de Estados Unidos, pero que no pertenecía a la alianza de inteligencia de países angloparlantes conformada por Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá. Ahora, imaginemos por un momento que la revolución de Egipto se planteara en Estados Unidos, ¿qué pasaría con Facebook y Twitter? Serían tomados por el Estado. Y si la revolución no triunfara, acabarían siendo espiados, como ahora, por la CIA y el FBI para recabar información sobre los principales promotores de la revuelta.
JÉRÉMIE
Es difícil disociar la vigilancia del control. Necesitamos abordar ambos. Eso es lo que a mí más me preocupa, el control de internet, ya sea por los gobiernos o por compañías privadas.
JACOB
Creo que está bastante claro que la censura es un producto derivado de la vigilancia en general, tanto en el caso de la autocensura como en el de la censura técnica, y creo que un modo importante de transmitir esto a las personas de a pie es hacerlo de una manera no técnica.
Por ejemplo, si construyéramos carreteras tal como construimos internet, cada carretera tendría cámaras de vigilancia y micrófonos a los que nadie, excepto la policía o alguien que se hiciera pasar con éxito por policía, podría acceder.
JULIAN
Ya están en ello, Jake, en el Reino Unido.
JACOB
Cuando construyes una carretera no se exige que cada milímetro de la misma esté controlado por un perfecto sistema de vigilancia sólo disponible para un grupo selecto de personas. Explicar al ciudadano de a pie que ése es el modo en que se están construyendo las carreteras en internet y luego pedirles que utilicen dichas carreteras... Eso es algo que la gente común puede relacionar con el momento en que se dan cuenta de que los constructores originales no siempre son aquellos que ejercen el control.
ANDY
Pero alguna gente ni siquiera construye carreteras. Plantan un jardín ahí fuera e invitan a desnudarse a todo hijo de vecino. Me refiero a Facebook, claro, un modelo de negocio orientado a que la gente se sienta cómoda y revele su información.
JACOB
Exacto. Antes se recompensaba a aquellos que colaboraban con la Stasi (el antiguo Ministerio para la Seguridad del Estado de Alemania del Este), y ahora se premia a aquellos que participan en Facebook. La diferencia es que en Facebook se les compensa con créditos sociales —acostarse con tu vecino/a— en lugar de pagarles directamente. Y es importante relacionarlo únicamente con el aspecto humano, porque no se trata de tecnología, se trata de controlar a través de la vigilancia. En cierto sentido es el perfecto Panóptico.
JULIAN
A mí me interesa mucho la filosofía de la técnica. Técnica no significa únicamente un pedazo de tecnología, sino que significa, digamos, un consenso mayoritario en un consejo, o la estructura de un parlamento: es la interacción sistematizada.
Por poner un ejemplo, diría que los sistemas feudales provienen fundamentalmente de la técnica de los molinos. Es decir, una vez contabas con molinos centralizados que requerían enormes inversiones y que no podían escapar del control físico, entonces lo natural era que, como consecuencia, acabaras teniendo relaciones feudales. Con el paso del tiempo, parece que hemos desarrollado técnicas cada vez más sofisticadas. Algunas de estas técnicas pueden democratizarse; pueden llegar a todos y cada uno de nosotros. Pero la mayoría, dada su complejidad, son técnicas que se crean gracias a organizaciones estrechamente interconectadas como Intel Corporation.
Tal vez la tendencia subyacente de la técnica consista en atravesar sus diversas fases: técnica de descubrimiento, técnica de centralización y técnica de democratización, cada vez que una generación formada aprende cómo hacerlo. Sin embargo, creo que la tendencia general de la técnica es la de centralizar el control en aquellos que controlan los recursos físicos de dicha técnica. Algo parecido a un fabricante de semiconductores, creo yo, el máximo exponente de esto, donde necesitas desde la orden de que el aire mismo sea puro hasta una planta de construcción con miles de personas obligadas a llevar redecilla para proteger del proceso de manufactura hasta el último resquicio de piel, hasta el último pelo de la cabeza: un proceso polifásico extremadamente complicado. Y hay literalmente millones de horas de conocimiento investigador en manos del fabricante de semiconductores. Si éstos son populares, que lo son, y conforman los cimientos de internet, entonces la manufactura de semiconductores está codificada en el seno de la liberación de internet. Y codificada en la manufactura de semiconductores está la habilidad de quienquiera que detente el control físico del fabricante de semiconductores para extraer enormes concesiones.
De modo que podemos afirmar que en la sustentación de la revolución tecnológica de las comunicaciones —y la libertad que hemos conseguido a partir de ésta— radica la actual economía neoliberal, transnacional y globalizada de mercado. De hecho, es el pico más alto de la misma. Lo mejor, en lo que a logros tecnológicos se refiere, que la actual economía global y neoliberal puede producir. Internet se basa en interacciones comerciales extremadamente complejas entre fabricantes de fibra óptica, fabricantes de semiconductores, compañías mineras que extraen el material necesario para ello, y todos los lubricantes financieros que hacen posible que este negocio se consolide, tribunales que hacen valer las leyes de propiedad privada y demás. Así que se trata en realidad de la cúspide de la pirámide de todo el sistema neoliberal.
ANDY
Sobre el tema de la técnica, cuando Johannes Gutenberg inventó la imprenta, ésta se prohibió oficialmente en algunas partes de Alemania y ése fue el modo en que se propagó por todo el país, pues cuando se prohibía en un área, se trasladaba a otra jurisdicción. No he estudiado el caso en detalle pero, por lo que sé, tuvo sus divergencias con la Iglesia católica al romper el monopolio que ésta ostentaba en la impresión de libros, y cada vez que acababan teniendo problemas legales, se mudaban a otro sitio donde la imprenta no estuviera prohibida. En cierto sentido, esto ayudó a su propagación.
Internet fue, en mi opinión, sutilmente diferente porque, por un lado, tenías las máquinas que podías utilizar como una planta de producción, incluso la Commodore 64 lo era en cierta forma, si bien la mayoría de la gente la utilizaba para otros fines.
JULIAN
Así que, por pequeña que fuera la máquina que tuvieras, podías usar tu propio software.
ANDY
Sí, y la podías utilizar para distribuir ideas. Sin embargo, por otro lado, desde una perspectiva filosófica, como dijo John Gilmore (uno de los fundadores de la Electronic Frontier Foundation), a principios de la década de los noventa, cuando internet consiguió un alcance global: «La red interpreta la censura como un perjuicio y la circunvala». Hoy sabemos que la afirmación era una mezcla de interpretación técnica combinada con una perspectiva de impacto optimista, algo entre una quimera y una profecía susceptible de cumplirse.
JULIAN
Pero así fue en el caso de Usenet, un sistema de correo electrónico «muchos a muchos», por así decirlo, que se inició hace unos treinta años. Para explicar Usenet de manera simple, imaginad que no existe diferencia alguna entre los usuarios y los servidores y que cada persona dirige su propio servidor Usenet. Escribes algo y se lo das a una o dos personas. Ellas (automáticamente) comprueban si ya lo tienen. Si aún no lo han recibido lo toman y se lo pasan a todos aquellos con los que están conectados. Y como resultado el mensaje acaba llegando a todos, y todos obtienen eventualmente una copia.
Si algún usuario está involucrado en la censura el resto lo pasa por alto, no implica ningún cambio. El mensaje sigue propagándose a través de aquellos que no son censores. Gilmore hablaba sobre el uso de Usenet, no hablaba de internet. Tampoco hablaba de páginas web.
ANDY
Si bien lo que dices es técnicamente correcto, la interpretación de sus palabras y su impacto a largo plazo fue el de generar personas que se consideraban a sí mismas parte de internet. La gente decía «de acuerdo, hay censura, la sortearemos», mientras que el político que carecía de conocimientos técnicos pensaba «oh, mierda, hay una nueva tecnología que limita el control de la esfera de la información». Así que creo que Gilmore, sin duda uno de los precursores del movimiento cypherpunk, hizo un gran trabajo al llevar las cosas en esta dirección, inspirando el modo cripto-anarquista de tener tu propia forma de comunicación anónima sin temor a ser espiado.
JÉRÉMIE
Yo veo un matiz en eso que nosotros describimos como la propagación de la tecnología, porque en el caso del molino y la imprenta tenías que ver el artefacto físico para entender cómo funcionaba, mientras que ahora incorporamos un control cada vez mayor en la propia tecnología. El control está integrado. Si observas un ordenador moderno, en la mayoría de los casos, ni siquiera lo puedes abrir para conocer todos sus componentes. Y todos los componentes se encuentran a su vez en cajas diminutas, es imposible saber cómo funcionan.
ANDY
¿Por su complejidad?
JÉRÉMIE
Sí, por la complejidad y también porque no se tiene la intención de que la tecnología se comprenda. Tal es el caso de la tecnología patentada. Cory Doctorow la define en una entrada de su blog: «La guerra a la computación de uso general».
Cuando un ordenador es una máquina genérica, puedes hacer de todo con él. Puedes procesar cualquier información como una «entrada» y transformarla en otra cosa como una «salida». Y sin embargo cada vez construimos más dispositivos que, si bien son ordenadores de uso general, están restringidos a hacer las funciones limitadas de un GPS, o de un reproductor MP3 o de un teléfono móvil. Cada vez se fabrican más dispositivos que integran mecanismos de control para prohibir al usuario hacer cierto tipo de cosas.
JULIAN
El control se integra en los dispositivos para evitar que la gente los entienda o pueda utilizarlos de un modo distinto al originalmente pretendido por el fabricante, pero en la actualidad el problema es mucho peor, porque todos estos dispositivos están conectados a la red.
JÉRÉMIE
Cierto, pueden contener la función de monitorizar al usuario y su información. Ésta es la razón por la que el software libre es tan importante para una sociedad libre.
ANDY
Estoy totalmente de acuerdo en que necesitamos máquinas de uso general, pero esta mañana cuando trataba de volar hasta aquí desde Berlín, el avión abortó el despegue —es la primera vez que me ocurre algo así—. El avión se desplazó a un lado y el capitán dijo: «Damas y caballeros, hemos tenido un fallo en el sistema eléctrico, así que hemos decidido parar y reiniciar el sistema». Y yo pensaba: «Oh, mierda, suena a reiniciar Windows, Control Alt, Delete... Tal vez, ¡funcione!».
De modo que en realidad, no me molesta del todo la idea de tener una máquina que desempeñe una sola función en un avión, y que lo haga muy bien. Si estoy sentado en un aparato volador no quiero que los pilotos se distraigan jugando al Tetris, o con el Stuxnet o cualquier otra incidencia.
JÉRÉMIE
El avión en sí mismo no procesa tus datos personales, no tiene ningún control sobre tu vida.
ANDY
Bueno, diría que una máquina que vuela sí tiene cierto control sobre mi vida, al menos durante un rato.
JACOB
Creo que el argumento de Cory también se explica mejor diciendo que no hay más coches, ni aviones, ni audífonos, sino ordenadores con cuatro ruedas, ordenadores con alas y ordenadores que mejoran tu audición. Y la cuestión, en parte, no es si son o no ordenadores con una sola función, sino si podemos verificar que efectivamente hacen aquello que dicen que hacen, y si entendemos si lo hacen correctamente.
La gente trata a menudo de argumentar que tienen el derecho a poner el candado y mantener el secreto acerca de estos dispositivos y, o bien fabrican ordenadores demasiado complejos, o dificultan legalmente el camino para entenderlos. Eso es algo realmente peligroso para la sociedad porque nosotros sabemos que la gente no siempre actúa en beneficio de todos. También sabemos que la gente comete errores —sin malicia—, así que echar la llave a este tipo de cosas es muy peligroso a distintos niveles, de los cuales el que seamos todos imperfectos no es un problema menor. Eso es un hecho.
La capacidad para tener acceso a los planos de los sistemas que subyacen en nuestras vidas es parte del porqué el software libre es importante, pero también la razón que explica la importancia del hardware libre. Ello mejora nuestra capacidad de hacer libremente inversiones sostenibles tanto para mejorar los sistemas que utilizamos como para determinar si éstos funcionan correctamente.
Sin embargo, independientemente de la libertad, es importante entender estos sistemas, porque, de lo contrario, existe una tendencia generalizada a delegar en la autoridad, en personas que sí los conocen, o que son capaces de ejercer el control sobre los mismos pese a no comprender su esencia. Ello explica el bombo que se ha dado a la ciberguerra. Básicamente se debe a que una serie de personas que parecen ser los señores de la guerra empiezan a hablar sobre tecnología como si la entendieran. Estos señores hablan a menudo de la guerra y ninguno de ellos, ni siquiera uno, habla sobre la ciberconstrucción de la paz, o de nada relacionado con la construcción de la paz. Hablan siempre de la guerra porque es su negocio, e intentan controlar los procesos tecnológicos y legales como medios para promover sus propios intereses.
De modo que cuando no tenemos control sobre nuestra tecnología, dichas personas tratan de usarla para sus propios fines, concretamente para la guerra. Ésta es la receta para cosas tan escalofriantes como el Stuxnet, creo yo, aunque, por otro lado, también hay personas sensatas que, mientras Estados Unidos hace la guerra, sugieren que dichas tácticas evitarán de algún modo futuras guerras. Tal vez sea ése un argumento razonable para un país que no invade activamente otras naciones, pero difícil de creer en el contexto de una nación que en la actualidad está envuelta en numerosas invasiones simultáneas.
La militarización del ciberespacio
JULIAN
Ahora existe una militarización del ciberespacio, en el sentido de una ocupación militar. Cuando te comunicas a través de internet, cuando te comunicas a través del teléfono móvil, que ahora está entrelazado a la red, tus comunicaciones están siendo interceptadas por organizaciones de inteligencia militar. Es como tener un tanque en tu dormitorio. Es un soldado que se interpone entre tú y tu mujer cuando os enviáis mensajes.
Todos estamos bajo una ley marcial en lo que respecta a nuestras comunicaciones; simplemente no podemos ver los tanques, pero están. Tanto es así que internet, que originalmente se planteaba como un espacio civil, se ha convertido en un espacio militarizado. Pero internet es nuestro espacio, porque todos lo usamos para comunicarnos entre nosotros, con nuestras familias, revelando lo más íntimo de nuestras vidas. Así que, de hecho, nuestras vidas privadas han entrado en una zona militarizada. Es como tener un soldado debajo de la cama. Es una militarización de la vida civil.
JACOB
Justo antes de venir, me ofrecieron entrenar al equipo de estudiantes que integran el laboratorio de investigación para la seguridad y privacidad de la Universidad de Washington, para el concurso Pacific Rim Collegiate Cyber Defense. En el último minuto me pidieron que fuera su asesor. Hemos dedicado bastante tiempo a competir en una batalla cibernética donde SPAWAR, un brazo civil de la marina norteamericana que realiza pruebas de penetración basadas en maniobras ofensivas y defensivas de piratería informática, desempeñaba el rol del Red Team (equipo rojo). Este equipo se dedica básicamente a atacar al resto de jugadores cuyos equipos tratan de defender los sistemas informáticos que les son asignados al principio de la batalla sin ningún tipo de información adicional. Uno no sabe el tipo de sistemas que tendrá que defender y ni siquiera está claro cómo se asignan los puntos al principio, por lo que sólo te queda hacerlo lo mejor posible y esperar.
JULIAN
¿Estás seguro de que se trata de un juego? Tal vez no sea ningún juego.
JACOB
No, te dan unos cuantos ordenadores y tienes que protegerlos, ellos irrumpen en el sistema y asumen el control. Es como la versión infantil de Captura la Bandera en una conferencia real de piratas informáticos o algo parecido, y es interesante porque estos tíos cuentan con un montón de herramientas, tienen software escrito.
JULIAN
Pero entonces, ¿qué sentido tiene desde la perspectiva de la Marina norteamericana?
JACOB
Bueno, en su caso se limitan a patrocinar el juego porque quieren empezar a construir los ciberguerreros del mañana y, para que veas un ejemplo, te he traído un bloc de notas de la CIA que confirma que, de hecho, se están dedicando a reclutar gente en este tipo de eventos. Había un tío llamado Charlie —Charlie de la CIA—, que ofrecía trabajo a los participantes diciéndoles que, si querían unirse a la CIA, ésta era una gran oportunidad para trabajar en el mundo real. Y la gente de SPAWAR estaba allí, y Microsoft estaba allí contratando personal.
La idea era formar a toda esta gente, a todos estos equipos, para que saltaran al Campeonato Nacional y se convirtieran en ganadores y «defendieran la nación», y luego fueran capaces de hacer piratería ofensiva como ciberguerreros y no sólo como ciberdefensores. Nosotros obtuvimos alrededor de 4.000 puntos en este juego, lo cual superaba la puntuación total de los equipos que quedaron en segundo, tercer y cuarto lugar. Obtuvimos mayor puntuación que la suma de las puntuaciones de todos ellos.
JULIAN
¡Bravo, bravo, bravo!
JACOB
El caso es que no me lo deben a mí, mi frase para motivarles era algo parecido a: «Eh, el tono siempre es más oscuro justo antes de que las cosas se pongan negras del todo». Personalmente, creo que no se me da muy bien el coaching, pero estos chicos son realmente buenos.
El caso es que fue interesante porque todo se había dispuesto en los mismos términos que en una guerra real, de modo que te decían: «Eh, queremos oír vuestro grito de guerra». Y uno piensa: «Perdón, ¿qué?». Te decían cosas así durante el almuerzo, cuando nos tomábamos un respiro en la defensa de nuestros sistemas. Todo estaba diseñado en términos de atacar sistemas, de guerra, ciberguerra y las cosas más alucinantes que te puedas imaginar al respecto.
Y, curiosamente, aparte del equipo con que trabajaba, tuve la sensación de que había mucha gente que sufría, porque no se les estaba enseñando El arte de la guerra —era más como la Copa de Sysadmin, gente responsable de mantener sistemas de computación— y era algo vergonzoso. Fue una sensación muy rara porque te encontrabas con todas estas personas con bagaje bélico, que tenían la perspectiva de la guerra, pero que no enseñaban estrategia, y sólo se centraban en la retórica de defender estos sistemas, o en atacarlos, y tenían tanta guerra en el camino que trataban por todos los medios de enardecer el fervor patriótico de los participantes. No fomentaban el pensamiento creativo ni ningún tipo de marco para el análisis independiente; insertaban una nueva pieza en el engranaje mental de alguien que sigue órdenes por el bien de la nación. Jamás había vivido algo parecido. Me puso enfermo y a la mayor parte de mi equipo le costó un duro trabajo digerirlo e incluso tomarlo en serio.
JULIAN
¿Crees que así es la formación de la Marina estadounidense y que ahora sólo intentan aplicarla a otro dominio? ¿Es la creación de un Alto Cibercomando Norteamericano una decisión estratégica internacional tomada por los Estados Unidos?
ANDY
Como los nazis, que tenían esos campos juveniles donde formaban a los niños.
JACOB
Puedes decir eso porque eres alemán. No, no es así. La participación de la marina norteamericana se debe a que el gobierno estadounidense patrocina este tipo de eventos. Me pidieron que entrenara al equipo porque necesitaban que alguien lo hiciera, y accedí sólo porque me caía bien el equipo, esos chicos universitarios. Pero en realidad lo que es evidente es que el gobierno norteamericano está tratando de conseguir gente y lo intentan por la vía del nacionalismo. Es realmente raro estar en un evento como ése porque, por un lado, está bien ser capaz de saber cómo mantener a salvo tu sistema, y es bueno entender la infraestructura de la que dependen nuestras vidas; pero por otro, ellos no intentaban convencer a la gente para que la entendieran, sino más bien trataban de exaltar su fervor patriótico para que fueran felices haciendo este tipo de trabajo.
ANDY
Desafortunadamente, el interés de Estados Unidos por mantener los sistemas seguros es totalmente limitado, pues quieren que los sistemas sean vulnerables para poder asumir el control. El enfoque para controlar la criptografía a nivel mundial nunca ha llegado tan lejos como cuando Estados Unidos empezó a ejercer presión en 1998, cuando el subsecretario estadounidense de comercio internacional, David Aarons, dio la vuelta al mundo abogando en su discurso por el acceso del gobierno a las claves cifradas de todos los ciudadanos.
No obstante, la criptografía todavía se gestiona como las llamadas tecnologías de doble uso y, según lo establecido en el denominado Acuerdo de Wassenaar, su exportación en forma de productos de consumo final a muchos países está limitada por ley. Esto puede parecer razonable en la tesitura de declarar «malos» a algunos países y sus acciones, pero sin embargo revela hasta qué punto se aplica un doble rasero, porque hasta la fecha, la tecnología de vigilancia de las telecomunicaciones no se ha visto limitada por controles de exportación.
JULIAN
Andy, tú llevas años diseñando teléfonos criptográficos. ¿Qué tipo de vigilancia masiva se está aplicando a las telecomunicaciones? Dime, ¿cuál es la situación en lo que respecta a los servicios de inteligencia y la industria de vigilancia masiva?
ANDY
Almacenamiento masivo, que no es otra cosa que almacenar todas las telecomunicaciones, todas las llamadas de voz, todo el tráfico de datos, cualquier modo en que los grupos consumen el Short Message Service (SMS o servicio de mensajes cortos), así como las conexiones a internet, limitadas en ocasiones al correo electrónico. Si comparas el presupuesto militar con los costes que comportan la vigilancia y los ciberguerreros, los sistemas armamentísticos ordinarios cuestan muchísimo más dinero. Los ciberguerreros o la vigilancia masiva son súper baratos en comparación con lo que cuesta un solo avión. Un avión militar te cuesta alrededor de...
JULIAN
Unos cien millones de dólares.
ANDY
Y el almacenamiento es cada año más barato. De hecho, en su día hicimos las cuentas en el Chaos Computer Club: puedes conseguir un buen almacenamiento en cuanto a calidad de voz de todas las llamadas telefónicas efectuadas en Alemania anualmente por cerca de 30 millones de euros, gastos administrativos incluidos, de modo que el almacenamiento puro cuesta alrededor de ocho millones de euros.
JULIAN
E incluso existen compañías como VASTech en Sudáfrica que están vendiendo estos sistemas por diez millones de dólares al año. «Interceptaremos todas sus llamadas, almacenaremos todas las llamadas interceptadas en masa.» El hecho es que en los últimos años se ha producido un viraje en el planteamiento, se ha pasado de interceptar todo aquello que pasaba de un país a otro, seleccionando cuidadosamente a las personas concretas que querían espiar y asignándolas a seres humanos, a lo que hacen ahora: interceptar y almacenar todo permanentemente.
ANDY
Para explicar la historia a grosso modo, en los viejos tiempos se designaba a una persona como objetivo en función de su estatus diplomático, la compañía en que trabajaba, o bien porque fuera sospechoso de hacer algo o estuviera en contacto con gente que sí había hecho algo, y entonces se aplicaban las medidas de vigilancia pertinentes sobre esa persona concreta.
Hoy día resulta mucho más eficiente decir: «Lo tomamos todo y ya lo resolveremos más tarde». De modo que cuentan con un almacenamiento a largo plazo. Y la mejor manera de describir estos dos capítulos de la industria es con el enfoque «táctico» y el enfoque «estratégico». Táctico significa: en este preciso momento, en esta reunión, vamos a colocar micrófonos ocultos en este lugar, necesitamos introducir a alguien con un micrófono en la chaqueta, o sistemas de vigilancia GSM (Sistema Global para Comunicaciones Móviles) instalados en el coche, capaces de interceptar lo que la gente dice en el momento, sin necesidad de interferir con el operador de red, sin necesidad de pedir una orden de registro ni nada parecido, sin necesidad de procedimientos legales. Hacerlo y listo.
Sin embargo, el enfoque estratégico es hacerlo por defecto, limitarse a grabar todo y resolverlo después por medio de sistemas analíticos.
JULIAN
Entonces, la interceptación estratégica consiste en confiscar todo cuanto registra un satélite de telecomunicaciones, y hacerlo a través de un cable de fibra óptica.
ANDY
Porque nunca sabes cuándo alguien se convierte en sospechoso.
JACOB
Estados Unidos vivió el caso NSA AT&T, y un segundo caso: Hepting v. AT&T. En Folsom, California, Mark Klein, antiguo técnico del gigante de las comunicaciones AT&T, reveló que la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense, estaba almacenando toda la información que la compañía AT&T les proporcionaba acerca de sus clientes. Fue una compra al por mayor: datos y llamadas de voz. Así que ahora hemos sabido que cada vez que yo cogía el teléfono o me conectaba a internet en San Francisco durante el periodo al que se refería Mark Klein, la Agencia de Seguridad Nacional, en suelo estadounidense y en contra de los ciudadanos estadounidenses, se estaba quedando con todo. Estoy francamente convencido de que han usado toda esa información interceptada en las investigaciones que han llevado a cabo en contra de muchas personas en Estados Unidos, lo cual plantea un sinfín de interesantes cuestiones constitucionales, porque ellos se quedan con esta información para siempre.
JÉRÉMIE
Tenemos también el ejemplo de Eagle, el sistema vendido por la compañía francesa Amesys que posteriormente se vendió a la Libia de Gadafi, y en cuyo documento comercial estaba escrito: «Mecanismo de interceptación a escala nacional». Es una gran caja que colocas en alguna parte y que te permite escuchar todas las comunicaciones de tu gente.
JULIAN
Hace diez años esto se veía como una fantasía, como algo en lo que sólo unos cuantos paranoicos creían, pero en la actualidad los costes de la interceptación masiva se han reducido hasta el punto de que un país como Libia, con recursos relativamente escasos, lo estaba haciendo con tecnología francesa. De hecho, la mayoría de los países están ya ahí en términos de interceptación real.
Sin duda la eficiencia en la comprensión y en la respuesta a lo que está siendo interceptado y almacenado será el gran paso siguiente. Ahora en muchos países tenemos interceptación estratégica de todo el tráfico de comunicaciones que entran y salen del país, pero implicarse en acciones subsiguientes, como bloquear automáticamente cuentas bancarias, o desplegar a la policía, marginar a ciertos grupos, o emancipar a otros, es todavía algo que está por llegar. Siemens vende una plataforma a las agencias de inteligencia que, de hecho, produce acciones automáticas. De tal modo que cuando el objetivo A se encuentra a cierto número de metros del objetivo B según los registros de intercepción móvil, y el objetivo A recibe un correo electrónico mencionando algo —una palabra clave—, entonces se activa la acción. Está al caer.









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