
Córdoba Marginal: "Se ve mucho consumo, se ve mucha violencia"
Germán S. S. Lev

Sebastián, el flaco, es ciruja al igual que su pareja. Juntos recorren las calles de Córdoba de madrugada rescatando comida de la basura y juntando latitas para vender.
El presente del flaco es patear la Docta, hurgar contenedores y rebuscarse la vida como pueda, sin molestar a nadie. Aunque es consciente de que su presencia de buscavidas, jode y en determinadas circunstancias, intimida o asusta:
Te jode la gente que sale corriendo pensando que le vas a robar.
La marginalidad quema, pero en ocasiones, especialmente en días patrios, la suerte hasta llega a sonreír y los depósitos de desechos pueden convertirse en auténticos cofres de fortuna:
El 25 de mayo he comido un asado que si lo compraba no hubiese sido tan bueno.
Por otra parte, el flaco remarca que en las calles de Córdoba "se ve mucho consumo, se ve mucha violencia". Y que la policía, cuando realmente "queman las papas" no está, desaparece.
El caso de Sebastián no es una singularidad, no es un caso aislado. En 2024 se registraron 2.021 individuos en el programa municipal para personas en situación de calle a cargo de la Secretaría de Políticas Sociales y Desarrollo Humano. Un número que debería multiplicarse por cuatro este 2025 según Raúl La Cava, el titular de la secretaría.
Sebastián insiste en subrayar que él hace esto para "no joder a nadie ni tocar nada ajeno". Pero tiene claro una cosa: que el sistema predica la paz haciendo la guerra. "La paz se hace con la guerra", sentencia.




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