Leviathan

AULLIDO21/09/2026Germán S. S. LevGermán S. S. Lev

Leviathan

Se destapan los ojos de la bestia

y de su mirada, atemporal y acusadora

se expande la púrpura luz que domina los océanos insondables.

Al final del camino del sendero conocido

en el arco de las columnas de Melkart

puedo observar a mi triste figura precipitarse desde lo alto.

Chronos dicta sentencia;

y comienzo a incendiarme de visiones orgiásticas, voluptuosas y terribles

—¿es este el tiempo de los hombres?—, inquiero.

El espíritu —es verdad— desea regresar a vivenciar toda experiencia humana con la suma de sus pequeñas tragedias.

Pero la percepción grávida —que momentos atrás parecía que todo lo abarcaba—, por fortuna,

es transmutada en algo finito y despreciable.

Entonces los sueños arcanos abren los pliegues del cuerpo

y el horrido hedor a carne abrasada por holókasuton se abalanza sobre los sentidos:

El umbral en llamas se contrae

se retuerce como una serpiente y se dilata:

El viejo mundo conocido recobra su color.

El Bardo vuelve a ser una experiencia lejana

y los ojos del Dragón que surca los océanos

toma el cáliz de un hogar al que quiero regresar.

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